Las mayores de 40 años buscan su hueco en el mercado laboral

8 05 2009

María Ángeles Durán está convencida de que la revolución de la mujer empezó en la cocina, ni en la calle ni gracias a las leyes. A partir de los años sesenta, las familias españolas apostaron por la educación de sus hijas. «Las madres fueron decisivas. Esa generación no ha querido que sus hijas desempeñen el mismo papel que ellas y les liberaron de las obligaciones domésticas. En muchos casos, ahora se han convertido en abuelas que están dispuestas a sacrificarse para que sus hijas trabajen». La reflexión de Durán, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Sociológicas, explica, en buena medida, la transformación del papel de la mujer en los últimos 25 años de la sociedad española; si en 1982 cuatro millones formaban parte de la población activa esta cifra superó los nueve millones y medio en 2008. Otro dato del informe ‘Las mujeres en cifras: 1983-2008′, del Ministerio de Igualdad, desvela que si bien la tasa de ocupación masculina se ha mantenido prácticamente constante en estos 25 años, la femenina se ha disparado del 22,7 al 44,1%.17952086[1]

Y aunque todavía queda mucho por hacer -la tasa de paro de las mujeres según la última Encuesta de Población Activa (EPA) se sitúa en el 15,14%-, de los 660.200 nuevos contratos que se firmaron en 2008 el 77% fue para ellas. Para más inri, tanto la EPA como las agencias de trabajo temporal constatan que las mayores de 40 han aumentado su participación en el mercado. En muchos casos se trata de mujeres con escasa o nula experiencia laboral, amas de casa que durante muchos años se han dedicado en exclusiva al cuidado de su familia, las que han salido a la calle en busca de un puesto remunerado. Han contribuido a lo que desde la Asociación de Grandes Empresas de Trabajo Temporal (AGETT) ha llamado el ‘efecto del trabajador añadido’: son personas que se incorporan a la búsqueda activa de empleo porque una persona de su núcleo familiar ha perdido su colocación o temen que la pierda.

Ya suman 827.000 los hogares en los que todos sus miembros están parados, y ellas tienen arrestos para salir adelante, aunque no lo tengan fácil. «Lo tienen un poco peor que el resto, pero si tienen ganas de trabajar… tienen oportunidades en los ‘call centers’, en el sector de la hostelería y la restauración… Si quieren volver, deben valorar muy bien el tipo de conocimientos que deben adquirir para desempeñar determinados puestos. En algunos de ellos, además, pesan más las actitudes que las aptitudes», apunta María Ángeles Tejada, miembro del comité ejecutivo de Randstad.

Atención al cliente
En el sector del ‘telemarketing’, que solicita sobre todo operadores de venta telefónica y de atención al cliente y gestores de cobro, las mayores de 40 años con don de gentes y dispuestas a aceptar jornadas de entre cuatro y seis horas pueden encontrar un hueco. «A ellas se les da bien relacionarse con los demás y están acostumbradas a resolver todo tipo de problemas», afirma Tejada, también presidenta de la Fundación Internacional de la Mujer Emprendedora. «Han aprendido a ser muy flexibles, tienen sentido de equipo y están muy apegadas a la realidad, conocen muy bien la sociedad en la que se mueven: la enseñanza, la vida social… Tienen panorámica. Y, sobre todo, tienen muchos deseos; han cumplido teórica su obligación moral de tener y educar a sus hijos, y a las que van a trabajar les sobra motivación», apostilla Durán, cuyos trabajos en torno a las condiciones sociolaborales de la mujer le han valido, entre otros, el Premio Nacional de Investigación.

Motivación le sobra a María Aragón, que, a punto de cumplir 42 años, abandonó su carrera en la banca hace más de una década para trasladarse a la República Dominicana, donde habían destinado a su marido. «Yo, con esta edad, sé cómo sacar partido a los recursos más escasos: el tiempo y el dinero. No te dispersas ni entretienes, y también estás acostumbrada a gestionar bien la austeridad». Madre de dos hijos, María regresó a Madrid hace dos años. En la actualidad, gracias al programa Lidera de la Comunidad de Madrid, forma parte del selecto grupo de mujeres que recibe sesiones personales de ‘coaching’ para volver al mercado. Reitera una y otra vez que no se arrepiente de la decisión que tomó, pero reconoce que, pese a su licenciatura en Económicas y su dominio del inglés y del francés, le resulta «difícil encontrar un trabajo acorde con su formación». «Ahora se trata de buscar dentro de ti para dar a la sociedad todo lo que llevas dentro. No puedes retomarlo en el punto que lo dejaste».

María Ángeles Durán advierte de que la reincorporación es más difícil cuanto más alto es el nivel de la trabajadora, «porque pierde más». Durán asegura que las mujeres son magníficas gestoras del tiempo, pero alerta del peligro de pensar a corto plazo, y, por consiguiente, descuidar su puesta al día.

En este sentido, Carmen Bravo, secretaria confederal de la Mujer de Comisiones Obreras, insiste en que los fondos para la formación que gestionan ayuntamientos y comunidades autónomas «se adecuen a posibles yacimientos de empleo». «En muchos casos, los cursos dan la espalda al mercado laboral», apostilla Bravo. Por su parte, Carmen Roncal, profesora de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Complutense, sostiene que a la formación deben sumarse políticas de empleo que sean coherentes con las características de las personas que están en paro.

Como su formación, la mujer tampoco debe descuidar su red de contactos mientras se queda en casa. «Pero es que nuestro tiempo está expropiado en muchos casos. Hay hombres que gestionan bien sus redes sociales porque sus madres, sus hermanas y, sobre todo, sus esposas les han regalado mucho tiempo. Pero eso está cambiando». De esta misma opinión es Nuria Chinchilla, directora del Centro Internacional Trabajo y Familia del IESE, quien, con altas dosis de ironía y sorna, afirma con rotundidad que en el hogar la mujer hace las veces de «comodín» y el hombre, «de comodón».

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